Dandole rumbo a mi sentir y pensar. me encontré con esa inmensa e infinita masa de agua, que es el mar. Aveces manso y otras veces bravo y furioso, a tal grado, que desde sus costas se escucha el retumbar enardecido de sus olas.
Me imagino, pasar una, dos o tres noches enteras, sentada frente a él. Escuchar, la quietudde sus aguas y el suave movimiento de sus olas, que llegan hasta la costa, casi muriendo en un caudal de liquido empobrecido.
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